A dos años del asesinato de María del Sol siguen esperando justicia

02/06/2020 - 06:00

Redacción Oaxaca Político
 

El olor a sangre seca es inconfundible para Soledad Jarquín, desde hace dos años lo tiene en la punta de la nariz y de vez en cuando hace que en su memoria se agolpe el rostro desencajado de su hija María del Sol Cruz Jarquín, asesinada de manera violenta hace dos años en Juchitán de Zaragoza.

Como a quienes la contingencia por COVID-19 les ha llevado a elegir resguardarse en casa, Soledad lo ha hecho, pero sin dejar de reportear, editar o ahora encaminar los trabajos como presidenta del Consejo Ciudadano del Premio Nacional de Periodismo.

 

Seguir la búsqueda

Ese confinamiento que modifica horas o días de descanso, no la distrae de la búsqueda de justicia, pero si le impide encarar a una lista de funcionarios y servidoras públicas que han incumplido con su responsabilidad de “hacer que se cumpla la ley”.

Sin un sólo responsable con una sentencia condenatoria por el triple asesinato en el que también le arrebataron la vida a la exregidora con licencia Pamela Terán y a su chofer Adelfo G., la periodista oaxaqueña ha comprobado las dificultades a las que una familia se enfrenta cuando intenta que un crimen se castigue.

Desde el día del asesinato de María del Sol, Soledad Jarquín denunció el desvío de recursos públicos que por un mes llevaron a su hija a Juchitán de Zaragoza a cubrir la campaña política del candidato a presidente municipal por el PRI y PVEM, Hageo Montero López.

La “encomienda” se fraguó porque el hermano del candidato Hageo es Francisco Javier Montero López, en ese entonces secretario de Asuntos Indígenas, donde María del Sol tenía la jefatura del departamento de comunicación.

Pamela Terán era integrante de la planilla de Hageo y María del Sol la acompañaba la madrugada en que fue asesinada.

La violencia de cada día

Aunque puede haber una serie de señalamientos que responsabilicen a María del Sol de su propio asesinato, por estar en el lugar, la hora o con la persona equivocada, su madre se niega a aceptarlo porque el verdadero problema es transitar e intentar vivir en un país que está lleno de armas. 

“Este país es el que está mal, no se detiene esta violencia. Si como sociedad no exigimos que se llenen los penales con todos aquellos que han jalado el gatillo y quienes mandaron a matar, vamos a seguir en las mismas”, advierte.

La búsqueda de la justicia que le prometió a su hija Solecita se ha convertido en una carrera de obstáculos en un estado donde las y los funcionarios públicos se niegan a cumplir con su trabajo.

La impunidad

En estos dos años Soledad Jarquín y quienes amaban a Solecita han impulsado una serie de acciones para que el asesinato, además de no olvidarse, no sea sepultado por la impunidad.

El amor hacia sus tres hijas se nota en la casa de Soledad, con fotografías de distintos momentos de su vida de las tres, como las que hay en un mueble en el que las plantas crecen desde el fondo de unas botellas.

Una pared se ha vuelto un homenaje a la vida de la menor de las tres hijas y en otra comparte espacio con las de Mateo, el nieto de Soledad que más resiente la ausencia de la tía divertida, alegre y amiguera.

Entre ambos sillones un altar familiar alumbran la sala con una veladora que no se apaga. Una imagen de la Virgen de la Soledad -patrona de las y los oaxaqueños- acompaña las fotografías de Heriberto Jarquín -hermano de Soledad-, y de María del Sol, cuyas vidas fueron apagadas por la violencia. 

“Dicen que Dios tiene fijadas las fechas en que se irá cada persona, pero no la forma. Si algo tengo que reclamar es la forma, porque no María del Sol no se lo merecía”, dice y de inmediato admite que tiene otro reclamo, las facilidades que hay para que por todos lados cualquier persona tenga armas de alto calibre que incrementa la violencia y número de muertos en un país ensangrentado.

No cumplen

A pesar de no ha sucedido prácticamente nada, pero sí mucha simulación institucional, Soledad no desiste de intentar que la resolución de la Sala Xalapa del Tribunal Federal Electoral se cumpla.

“No se ha ejecutado desde marzo del 2019”, dice renuente a acostumbrarse a una burocracia que tiene al Tribunal de Justicia Administrativa pendiente de emitir su resolución o que ha hecho que en la Fiscalía General de Justicia del Estado se apilen cuatro expedientes.

Uno de esos cuatro expedientes en la Fiscalía es por el asesinato en sí, “un crimen que clasifican como homicidio calificado a pesar de que han intentado probar que fue un feminicidio”, otro por el delito electoral; uno más por el robo del equipo de María del Sol que se judicializó hasta agosto de 2019; y un último en contra de la inacción de la Fiscalía Anticorrupción.

De todo, sólo hay un acto de justicia institucional que no está completo en tanto no se ejecute y un detenido desde hace un año a quien le han aplazado la audiencia intermedia y no le han preguntado lo suficiente.

“A lo mejor no fue un crimen político, quizá una riña familiar o una venganza, pero no investigan”, dice para luego aceptar que se ha metido en elucubraciones e imaginado escenarios guiada por su olfato periodístico.

Asienta: “Hay posibilidades de algo de justicia, pero si no se mueve nada, es porque algo no está bien. Yo quiero saber quién protege a quién”, expresa con la seguridad de saber la respuesta, pero en espera que sean las instituciones las que cumplan con un trabajo que implica una serie de compinches y familias que por años han hecho negocios.

Idear y recordar

Esas y más cosas le pasan a Soledad Jarquín por la cabeza cuando de las tres familias sólo es la de ella quien pide justicia:

“El hecho concreto es que alguien asesinó a mi hija e ideó el asesinato de Pamela, el dictamen de balística señaló que fue un trabajo de profesionales”, pero el de las instituciones ha sido lo contrario, únicamente simulación.

Del número de notas que se han escrito para denunciar esa simulación y una cadena de errores, Soledad Jarquín ya perdió la cuenta. Un día intentó organizar todas las notas que se han escrito en torno al asesinato de María del Sol, “pero salió peor, fue como martirizarse”.

En vez de recordar ese hecho atroz, Soledad y sus hijas Fernanda y Paulina, junto con su nieto Mateo, tratan de recordar las cosas divertidas y los buenos momentos con una joven que era una hija, una hermana, una tía, una sobrina y una amiga amada por quien siguen esperando justicia.

 

GPP