El costo del conformismo / en la opinión de Rogelio Ballesteros

27/05/2020 - 09:51

Rogelio Ballesteros
 
La actual pandemia que vive el mundo fue un golpe a todos los sistemas de los países. A unos los ha afectado más que a otros, pero es una realidad que nadie estaba preparado para esta tragedia.
 
En México ya era de conocimiento de todos que teníamos sistemas públicos deficientes, pero la respuesta de la mayoría de mexicanos y mexicanas era “Así es México”, “Es cultural”, “Nunca se va a poder cambiar”. Actualmente vivimos con el costo del conformismo y de pasar de largo cosas que pudimos, pero no quisimos cambiar.
 
Este problema es tanto de la sociedad mexicana como de nuestros gobiernos. Nos conformamos con lo mínimo cuando debemos de exigir más. Somos una sociedad que, si no me afecta a mi o a mis intereses, no me importa. Eso tuvo y seguirá teniendo un gran costo.
 
La población mexicana a veces suele estar en los extremos. Somos una sociedad que se une en los peores momentos como el temblor del 2018, pero de igual manera somos egoístas cuando se trata de ponerse en los zapatos de otros, me refiero en cuestión de que aún y cuando no tengas la necesidad de ocupar un servicio público como educación, salud o transporte se debe de exigir un mejor servicio para los demás.
 
Antes de la pandemia, tuve la oportunidad de conocer a personas de distintas colonias en Oaxaca de Juárez, y me abrió los ojos el que sus necesidades o peticiones fueran muy distintas a las mías. Mientras todos hablamos en redes sociales sobre que el decrecimiento de México será de un 8% o más, o dónde los homicidios y feminicidios están creciendo sustancialmente, para estas personas lo que más les importa es que les pongas servicios básicos, que les pavimentes la calle que está enfrente de su casa y/o que les ayudes a conseguir trabajo.
 
Así de disparejo está el terreno de oportunidades, clases sociales o como quieran llamarlo.
 
El coronavirus destapó el horror de sistemas que ya sabíamos que estaban mal, pero que nunca se corrigieron al 100%.
 
Empecemos con el sistema de salud público, está a punto de colapsar, el personal no tiene el equipamiento necesario para combatir esta enfermedad, y no es noticia que muchos de los médicos/as y enfermeros/as que se encuentra en los hospitales se han contagiado de COVID-19. Es como mandarlos a la guerra sin fusil. Por ejemplo, el Gobernador de Nayarit, Antonio Echeverría, declaró que el 42% de los casos de coronavirus que sufre su estado son personal médico.
 
Después tenemos al sistema de educación pública, quisieron tapar el sol con un dedo con las clases de #AprendeEnCasa con el cual quieren que los alumnos/as continúen con sus cursos por medio de la radio y televisión, pero ¿cómo serán evaluados y qué pasa si no tienes televisión?
 
Aunado a lo anterior, el acceso al internet. En una república con 53 millones de pobres, donde el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) estima que 21 millones de mexicanos sufren de rezago educativo, es probable que las carencias educativas se acentúen. Solamente 23.4 por ciento tiene conexión a internet en los asentamientos rurales. De igual manera, estima que el 45 por ciento de la población mexicana que se encuentra en el estrato económico “bajo” es usuaria de Internet.
 
Y así me podría seguir.
 
Todo mundo sabía de estos problemas, el costo del conformismo y de no exigir mejores condiciones es que hoy tengamos 60% de pobres, 7633 defunciones por coronavirus, pésimos sistemas de salud y de educación, y millones de muertos por la inseguridad.
 
Toda iniciativa de cambio es buena, ya vimos que el estar en casa y no contaminar tanto hizo mejorar la calidad del aire, mares y hasta se cerró el agujero en la capa de ozono.
 
Si bien Andrés Manuel no es el culpable de lo que sucede, pero sí el responsable de resolverlo.
 
Si bien tú no eres el culpable de lo que sucede, pero sí el responsable de poner tu granito de arena para mejorarlo.
 
Sí se puede cambiar.