"Cuando entré al Área covid ¡entré en shock! tuve pánico..." relata una urgencióloga del ISSSTE

30/04/2020 - 11:00

Redacción MX Político.- “La primera vez que entré al área covid fue un shock. Le pedí a Dios: “Protégeme porque tengo una hija y dame la sabiduría para hacer mi trabajo”. Tuve pánico, me paralicé. Quería llorar, pero cuando uno llora le falta el oxígeno y hacerlo dentro de una mascarilla no es buena idea. Y no te puedes secar los ojos porque traes los goggles.

Se trata de uno de los testimonios recogidos por Apro de cuatro personas que narran cómo enfrentan en México la crisis sanitaria causada por el coronavirus. Marisol, una urgencióloga de la Ciudad de México, confiesa sus sentimientos cuando atendió por primera vez a un paciente de covid-19.

Nadie quería entrar conmigo. Enfermería tardó tres horas en atreverse. Me metí sola y ya había pacientes. Fue un shock también porque es una enfermedad desconocida. Trabajamos “con los ojos cerrados”, sin saber a qué nos enfrentamos. Nos guiábamos con la experiencia europea, pero ¡oh sorpresa!, en México el virus ataca más fuerte a los que tienen diabetes, obesidad, hipertensión, a los de 30 y 40 años, no a los ancianos.

Hay pacientes que entran estables, les falta un poco de oxígeno y los nivelas con puntas nasales. Pero, de la nada, caen en paro cardiaco porque tienen otras enfermedades. Dices: “¡No puede ser, no llegó tan mal! o ¿el virus es tan agresivo que se los lleva tan rápido?”.

Luchamos también con la incertidumbre y la ignorancia. Llegan pacientes y dicen: “Me falta el aire”. Sacas placa a sus pulmones, les dices que son sospechosos y se deben quedar en el hospital. Responden: “No, me quiero ir, sólo deme medicina”. Firman la hoja de salida voluntaria y se van. Siento impotencia, incredulidad, frustración y derrota. ¡No puede ser!

Hace poco murió el doctor internista Daniel Leglisse. Se contagio de covid-19. Estuvo intubado semana y media. Cuando me enteré, sentí horrible. Lloré mucho y pensé: ¿sigo yo o quién? La muerte de un compañero duele tanto como la de un familiar, porque con ellos compartes una vida laboral.

Cuando en el hospital empezaron a llegar los casos, vimos que no teníamos equipo y material suficiente, y ahí empezamos a fallar. Hay indiferencia de las autoridades, al ser de tu misma profesión deberían entenderte al 100%. Es una burla. Me gasté más de 10 mil pesos de mi sueldo para comprar mi equipo, pero mi vida vale más y no quiero dejar huérfana a mi hija.

A ella la aislé hace mes y medio porque soy potencialmente riesgosa. Sólo la veo dos veces a la semana y desde el patio. Por eso me da mucho coraje cuando veo a gente como si nada en la calle. ¡Qué grado de inconsciencia! No es justo, no valoran nuestra profesión, pero es lo que nos gusta hacer y lo hacemos con toda la actitud.

A veces ando como desorbitada, no sé en qué día estoy. Pero tengo terapia por teléfono y platico con otros amigos médicos. Mi familia me dice que pida licencia, pero soy más útil en el hospital que guardada en mi casa. Es un hecho que nuestra vida como médicos y la personal ya tiene un “antes” y un “después” del covid-19. l

 

jvg