A 54 años de la primera 'rechifla' a un Presidente

31/05/2020 - 19:52

El pasaje histórico que fue la inauguración del Estadio Azteca, el 29 de mayo de 1966, representa el gran parteaguas de la expresión cívica del pueblo mexicano para con una autoridad, en este caso, la del Jefe del Ejecutivo.

Redacción MX Político.- La presión social desencadenada por los efectos de un sistema rígido durante décadas, donde la planeación y los sueños de  progreso de una nación entera, estaban dictados ("conducidos" según el discurso oficial) como en muy pocos casos del mundo, desde la férrea posición del poder centralizado, empezaba ya a mostrar rasgos de fisura y de una pronta explosión.

El sistema mexicano, del que orgullosamente se pavoneaban en el extranjero nuestras autoridades y diplomáticos durante las giras, constituido de un sistema de economía "mixta", donde había libre mercado pero a la vez, un estado interventor en la economía y de planeación centralmente planificado, había agotado el aguante de las entonces nuevas generaciones mexicanos que, contrariamente a la resiliencia de sus abuelos que aguantaron estoicos los designios de Calles y sus sucesores, mostraban vestigios de rebeldía y enfado con los desplantes de Díaz Ordaz y su "regente de hierro",

Era la respuesta de la "gente de pelo largo", a las politicas dictadas por la "gente de pelo corto".

Ernesto P. Uruchurtu, (el Jefe de Gobierno, como se denomina a partir de 1997 al titular del Poder Ejecutivo en la Ciudad de México), un funcionario rígido y que encabezó un gobierno con tonalidades intolerantes.

 

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El Regente o Jefe del Departamento del Distrito Federal, era un funcionario por nombramiento, parte de la estructura orgánica de la Presidencia de la República, que representaba al Titular del Ejecutivo, ante los ciudadanos residentes del distrito administrativo donde se encontraba enclavada la Ciudad de México, asiento de los poderes federales de nuestro país, denominado legalmente el Distrito Federal.

Ernesto P. Uruchurtu, como se le conocía, aunque su nombre completo era Ernesto Uruchurtu Peralta, era el titular del Departamento del Distrito Federal (DDF) desde la administración del presidente Adolfo Ruíz Cortínes (1952-58) y ocupaba el cargo de la más alta responsabilidad política en la capital de la República, desde el 1 de diciembre de aquel 1952.

 

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Había sido ratificado por los dos presidentes subsecuentes (López Mateos y Díaz Ordaz) en una insólita circunstancia, dado el enorme desgaste político que tenía ese cargo tan sólo durante su período normal de 6 años, dada la gran cultura cívica del habitante capitalino; no obstante Uruchurtu, originario de Hermosillo, sonora, había logrado sobrevivir ya a 14 años en el "regenteo político capitalino"; francamente un récord impresionante.

Se especulaba incluso que era una cuota política de su paisano, el expresidente Adolfo de la Huerta, con su viejo amigo y tocayo, Adolfo Ruiz Cortínes.

Uruchurtu gobernó los 1, 449 kilómetros cuadrados que conformaban el entonces Distrito Federal, cuando la población pasó de 3 millones 350 mil en 1952 a casi 7 millones en 1966. 

Fue la 'mano derecha' de los presidentes Ruiz Cortínes, López Mateos y Díaz Ordaz.

En su gestión, se construyeron importantes obras de infraestructura para la Ciudad de México: el Colector Central, para resolver el problema del drenaje y las continuas inundaciones, y los Viaductos La Piedad y Miguel Alemán, la avenida Río Churubusco, la ampliación del Paseo de la Reforma y la avenida Insurgentes Norte (desde Villalongín hasta Indios Verdes) y el primer tramo del anillo Periférico (desde el Toreo de Cuatro Caminos hasta Cuemanco, en Xochimilco), para agilizar el tráfico. Se resolvió el problema de los vendedores ambulantes con la creación de 160 mercados con 49 mil 588 puestos, entre ellos los de La Merced, San Juan, Sonora, Peralvillo, San Cosme y La Lagunilla. Ordenó la construcción del Rastro y el Frigorífico del DDF y, por primera vez, la ciudad más importante del país contó con un Servicio Médico Forense.

También durante la gestión de Uruchurtu, se inauguraron el Museo Nacional de Antropología e Historia (1964), el Museo de Arte Moderno (1964), el Museo de Historia Natural(1964), el Estadio Azteca (1966) y la Segunda Sección  del Bosque de Chapultepec (1964), con 24 fuentes, dos lagos artificiales, un restaurante, diez quioscos para comida, un parque de diversiones con Montaña Rusa y Ferrocarril Infantil incluidos, y un Zoológico  que aumentó su colección hasta llegar a 2 mil 341 animales de 251 especies diferentes. 

 

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La inauguración del estadio Azteca

Fue el presidente de México, Gustavo Díaz Ordaz, en presencia del máximo jerarca de la FIFA, Stanley Rous, del regente capitalino Ernesto P. Uruchurtu, de Emilio Azcárraga Milmo, de los presidentes de América (Guillermo Cañedo de la Bárcena), Atlante (Fernando González) y Necaxa (Julio Orvañanos) y de más de 100 mil (105 mil) espectadores, el encargado de dar la patada inaugural en el inmueble el 29 de mayo de 1966. 

 

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A las 12:25, con 25 minutos de retraso, el América (campeón mexicano de la temporada 1965-66) y el Torino pisaron por primera vez la cancha del Estadio Azteca. El primer gol lo anotó el jugador brasileño del América, Arlindo Dos Santos, a los 10 minutos de juego, el encuentro terminó con empate a 2 tantos. 

Ese día, durante el juego inaugural, la comitiva presidencial se encontró con un grupo de personas que sostenía una manta que solicitaba "el reconocimiento oficial" de las colonias Ajusco, Santa ürsula y Coapa, ubicadas en el Pedregal de Monserrat, frente al Estadio Azteca.

A Uruchurtu se le responsabilizó de acciones de represión contra paracaidistas e invasores, que consistieron de desalojos violentos con maquinaria pesada.

Ese asentamiento anteriormente citado, estaba ocupado por paracaidistas, con más de 4 mil pobladores que habían comprado a 12 pesos por metro cuadrado de terreno a fraccionadores clandestinos.

Aesta protesta se unió la rechifla generalizada y ensordecedora contra el Jefe del Ejecutivo por la tardanza en la inauguración, situación que despertó la ira del presidente Díaz Ordaz que se cobró con creces solicitándole la renuncia al regente Uruchurtu. 

Díaz Ordaz le dijo según testigos presenciales al político sonorense: "Usted es el responsable de esta rechifla don Ernesto". Episodio que no le perdonó y dio paso a su salida de la regencia capitalina, cuatro meses después de que la misma Presidencia le diera permiso para desalojar a los colonos en las inmediaciones del Estado Azteca para su construción.


Nunca más en México, la presencia de un presidente de la República ha sido un evento exento de "rechiflas" y recriminaciones para un mandatario visitante, en medio del anonimato hasta cierto punto cobarde del espectador recriminante.

Desde entonces en México, en cualquier acto de inauguración o clausura de un evento masivo, indefectiblemente al Presidente o al Gobernador le silban y le lanzan "trompetillas"; es el lugar idóneo para hacerlo de parte del "respetable", que no se hace respetar… ¿acaso al calor de la s "cervezas" o la "informalidad" deportiva o festiva?

Inauguración y clausura ´de la Olimpiada México 1968, los mundiales México 1970, México 1986, Panamericanos Ciudad de México 1975, Guadalajara 2011, fue materialmente lo mismo:

Díaz Ordaz enfrentó al monstruo de las mil cabezas y con el mentón rígido, las rechiflas en el Estadio Olímpico Universitario en 1968 y en el Azteca en México 1970, al dar el trofeo "Jules Rimet" a Pelé.

Miguel de la Madrid, batalló durante la entrega de la Copa del Mundo con el ego de Maradona, cuando este le ragateaba el saludo de mano y tras recibir la rechifla del respetable cuando fue anunciado.

Y Echeverría como Felipe Calderón, recibieron el mismo trato del público asistente en las ediciones de los Juegos Panamericanos en México 1975 y Guadalajara 2011, respectivamente.

Sólo un curioso como inexplicable -hasta cierto punto- caso aparece de historias presidenciales donde no hubo una sola rechifla para el Presidente visitante a un acto inaugural: el de la inauguración de la temporada "Caliente" de la Liga Mexicana del Pacífico de béisbol (2019-20), en el estadio "Francisco Carranza Limón", en el juego Algodoneros de Guasave contra Sultanes de Monterrey.

Aquella calurosa y polvorienta noche de otoño, en el inmueble que lucía abarrotado por poco más de 10 mil espectadores, a un costado de la carretera internacional México-Nogales, en Guasave, Sinaloa, sólo se oyeron "vivas al Peje" y aplausos de agradecimiento de la afición del pacífico norte mexicano, pues les había cumplido la promesa de devolverle a esa plaza, leal a la 4 T, su espectáculo sagrado del que es para ellos, el tiempo de frío.

 

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Cosa que no ocurrió durante el acto inaugural de la temporada de ese mismo año de la Liga Mexicana de béisbol (Circuito de verano) en el estadio "Fray Nano" de la Ciudad de México y a la que acudió AMLO, donde hubo silbatinas y "mentadas de progenitora" al por mayor.

Y otros eventos cívicos más, donde la gente no se ha quedado callada frente al presidente tetratransformador.

Así que, desde 1966, a los presidentes y dignatarios en México, en cualquier estadio, el respetable les "saluda" de una manera poco ortodoxa. Desde aquella inauguración del  Estadio Azteca, el 29 de mayo de 1966.

hch