Consulta y Espectáculo / En opinión de Bruno Torres

23/09/2020 - 11:46


Redacción MX Político.- Realizada la rifa del avión presidencial que solo supuso la utilización de su imagen en el billete de lotería, y pendiente la situación del objeto de una continua disputa desde sus tiempos como sempiterno candidato, el presidente López Obrador ahora carga frontalmente contra sus antecesores. En lo que se anticipa como un nuevo tema central de la comunicación política que explota todos los días, la intención de juzgar a cinco de sus antecesores le permitirá navegar los próximos ocho meses con un tema eje sobre el cual sobrará cobertura y opiniones.

Conviene preguntarse dónde quedó la fraternidad que expresaba al inicio de su mandato el hoy presidente, quien incluso reconoció a su antecesor por ser ejemplo de no intromisión en las elecciones de 2018. En más de una ocasión, López Obrador habló de “borrón y cuenta nueva” respecto al pasado y propuso establecer un nuevo régimen verdaderamente democrático. Nunca más presidentes permisivos con la corrupción estructural. Eran tiempos de una reconciliación que incluso alcanzaba a los narcos.

Con la solicitud de consulta popular enviada al Senado para que la ciudadanía determine si deben o no ser juzgados los ex presidentes suceden varias cosas. En primer lugar, es innegable el cálculo político con que el presidente se anticipa al proceso electoral 2021, no solo por el carácter plebiscitario de la renovación legislativa que se juega en los 300 distritos electorales federales, sino consciente del peso inédito de la elección: también se renovarán 15 gubernaturas y miles de puestos de representación popular a nivel estatal y municipal. En el marco de la petición formal, López Obrador sugirió que el ejercicio se realice el domingo 6 de junio de 2021; el mismo día de las elecciones.

La propuesta es que en una boleta se pregunte a la ciudadanía si está de acuerdo con que las autoridades investiguen y castiguen a quienes ocuparon la Presidencia de la República durante treinta años. En otras palabras, que se siente en el banquillo de los acusados a Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña, todos los ex presidentes vivos a excepción de Luis Echeverría, quien en enero próximo cumplirá 99 años. Por cierto, la última vez que se intentó enjuiciar a un ex presidente fue al propio Echeverría a raíz de la creación durante el gobierno de Fox de la fiscalía especial que trascendió como táctica de legitimación política más que como mecanismo efectivo de justicia.

Saldar cuentas con el pasado genera réditos. Quien acusa está obligado a probar, pero qué más prueba que la lista que ya ha enumerado el presidente y que no deja lugar a dudas de la ambición del ejercicio. Basta con que se aluda a la “larga noche del neoliberalismo” para que broten delitos. Como discurso político, mas no como averiguación formal, explotar los negativos de este periodo de tiempo le ha ganado bonos a López Obrador. La maldad es inherente al modelo económico implantado por tecnócratas neoporfiristas, sin que se determine a la fecha cuál es el modelo alternativo, pues en la práctica México sigue siendo una economía de libre mercado y el presidente tiene a sus aliados en el sector empresarial. La figura retórica inventada está en la base de la consulta que impulsa, y desde ahí la pregunta que se plantea evidencia un profundo sesgo.

Para muestra, el primero de los considerandos: “entre 1988 y 2018, México vivió un periodo caracterizado por la concentración desmesurada de la riqueza, quebrantos monumentales al erario, privatización de los bienes públicos, corrupción generalizada, procesos electorales viciados”. En el recuento de daños, el principal culpable es Salinas, gran privatizador de bienes públicos. Le siguen Zedillo, responsable de adjudicar a los mexicanos deudas privadas mediante el Fobaproa; Fox, orquestador del fraude electoral de 2006, y Calderón, catalizador de la violencia en México y cómplice del crimen organizado. No es necesario ahondar en Peña.

La cacería de brujas es una figura usual en la política mexicana, especialmente luego de las alternancias en el poder. Tal cacería no es signo de un cambio de régimen sino su perversión. Esta no es una defensa de los ex presidentes; seguramente hay motivos para que comparezcan ante la justicia. Pero hacer un espectáculo a partir de un derecho constitucional y ver el mundo arder mientras la gente va a votar no es consistente con un demócrata. Un demócrata no juega sucio. Tal vez el supuesto cambio de régimen no es más que una trasmutación de la hegemonía de otros tiempos.


Tw: @bruneitorres

 
 
 
 
 
 
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