En la Agenda, Convertir al País en un Shangri-La del XXI / En opinión de Nidia Marín

02/06/2020 - 12:45


*La Dicha por Obligación, Irrita en Estos Tristes Momentos
*La Filosofía de la Felicidad Nacional Bruta Según la OMS
*En el Reino de Bután Nació y se Desarrolló esa Política
*El índice de la Felicidad 2020 en Plena Crisis de Covid-?19
*México en el Lugar Número 24 y su Capital en el Sitio 38


Redacción MX Político.- Ya salió el peine. El hecho de que desde Palacio Nacional se busque decretar una política pública sobre la felicidad se basa en que Bután, el reino donde fue inaugurada hace cinco décadas, cambió la tradicional medición del Producto Interno Bruto (PIB) por el de Felicidad Nacional Bruta (FNB). Hoy México tiene un mandatario que está tratando de imitarlo, porque el actual PIB va en picada. Hace unos días lo declaró.

Pero, como dice la canción de Joan Sebastian:

“… y puedo cambiarte el nombre /?pero no cambio la historia…”

¿Será dar atole con el dedo, establecer una política pública que tenga, por decreto, la felicidad obligatoria?

Por lo menos resulta una agresión que se distribuye como propaganda barata desde el Zócalo, sobre todo porque hablar de “la felicidad” de los mexicanos en pleno pico de la pandemia del Covid-?19, mientras millones de habitantes padecen el encierro y miles de familias están de luto, los servicios de salud están rebasados y el futuro en materia económica es oscuro, sólo conduce a la acumulación de una mayor irritación social a la ya existente.

Dar por sentado que México será el Shangri-?La del siglo XXI, aquel paraíso basado en el Shambhala budista, el lugar de paz del que escribió el británico James Hilton en 1933 y que Frank Capra llevó a la pantalla, bajo el título “Horizontes Perdidos” y fue estrenada en nuestra nación en 1937, es vivir de ilusiones, pateando la realidad o cabalgando a lomo de la demagogia (así se llama la yegua, aunque hay quien la dice la utopía o también la mañosa).

Sin embargo, desde tales tiempos, prendió aquella luz en el mundo para buscar la manera de que las naciones logren en sus gobiernos la felicidad como política pública. Pero la posibilidad fue cambiando y se transformó en entelequia, en amenaza y… en propaganda.

Hasta ahora, son escasos los países que tienen la felicidad como política pública (le denominan bienestar) y que además hayan desarrollado un ministerio en la materia, aunque la publiciten como tal. En América Latina algunos dicen que ya la tienen, pero mienten.

DEL HIMALAYA PARA EL MUNDO


Fue Bután, un reino ubicado entre China y la India, donde se gestó todo un mundo alrededor de la felicidad en los años 70, al cambiar el Producto Interno Bruto por la Felicidad Interna Bruta o Felicidad Nacional Bruta. Suman 50 años de aquella decisión.

Décadas más tarde, este reino hizo una propuesta en las Naciones Unidas para que un índice midiera aspectos como trabajo, tiempo dedicado al amor, a la amistad, la meditación y demás. Hoy, el Dia de la Felicidad a nivel mundial, se celebra (desde 2013) el 20 de marzo, aunque mucho antes, en el mundo se ha llevado a cabo la medición de la felicidad en los distintos pueblos de los países.

Para nuestro país, México, es difícil creer en la felicidad por decreto. También convertirse al budismo o ser un santo para dar gusto al habitante en turno del zócalo. Sobre todo hoy, que son tiempos de gran tristeza para estar atendiendo ficciones, ilusiones y fantasías, en un país que está a punto de irse a la ruina.

Habrá mejores momentos.

La Organización Mundial de la Salud ha señalado que “la filosofía de la felicidad nacional bruta presenta varias dimensiones: es integral, puesto que reconoce las necesidades espirituales, materiales, físicas o sociales de las personas; insiste en un progreso equilibrado; concibe la felicidad como un fenómeno colectivo; es sostenible desde el punto de vista ecológico, puesto que trata de conseguir el bienestar para las generaciones presentes y futuras, y equitativa, puesto que logra una distribución justa y razonable de bienestar entre las personas”.


El organismo internacional también ha precisado que, desde principios del decenio de 1970, Bután ha fomentado el bienestar de la población por encima del desarrollo material. “La felicidad, la salud y el bienestar están estrechamente unidos. Normalmente se considera que la buena salud es el determinante más importante del bienestar; asimismo, los cambios que desencadenen una mala salud tienen efectos negativos y duraderos en el bienestar”, expone.

Así es y en el caso de Bután (país ubicado entre glaciares y ríos, con una fauna en la que sobresale el leopardo de las nieves), oficialmente es un reino del sur de Asia, para más señas ubicado en la cordillera del Himalaya y sin salida al mar.

El budismo es su religión y el trabajo que se desarrolla, en mayor medida, es en el campo, en los sectores agrícola y ganadero.

Su población es de 754,394 personas, su capital es Timbú, su monarquía constitucional, con un “rey dragón” y un primer ministro.

El país tiene 40,994 kilómetros cuadrados y, como se observa, ninguna similitud con México y sus 1,967,183 kilómetros cuadrados, 127 millones de habitantes, varias religiones, régimen presidencial y una economía libre, hasta hace poco con el primer lugar en Hispanoamérica.


Las monedas de Bután son: ngultrum butanés y rupia india. Los idiomas: dzongkha, tshangla, nepalí e inglés.

Está ubicado entre los países con más deuda respecto al PIB del mundo. Es la economía número 169 y sus habitantes tienen un nivel de vida sumamente bajo.

A este reino no le ha ido bien en las medidas mundiales de la felicidad. En el ranking de 2019 ocupó el sitio número 95 del mundo con tan sólo 5.0 puntos en la escala de 10.

Aseguran que en esa nación sólo hubo un caso de coronavirus: un turista estadounidense de 76 años, de apellido Hewitt que fue trasladado a su patria en un avión del rey. Y aunque el Banco Mundial considera que Bután es “una historia de éxito” por el descenso de los niveles de pobreza, en la economía mundial no pinta.

EL INDICE DE FELICIDAD 2020


¿El mundo es feliz? Hay de todo. De acuerdo a de The Global Economy, en su trabajo, el índice de Felicidad, que se mide con 0 (desdichado) y 10 (Feliz), en este año ninguna nación obtuvo la máxima calificación, un 10 (era de esperarse tras la zarandeada del coronavirus).

Con la pena, pero en el Índice Global de Felicidad 2020, de 150 naciones, México aparece en el sitio número 24 con una calificación de 6.47 (en la escala de 10). Va en descenso respecto a otros años y los especialistas dicen que camina por una senda equivocada.

En el continente americano están mejor rankeados Canadá, en el lugar 11, con 7.23 puntos; Costa Rica, en el sitio 15, con 7.12 y Estados Unidos, en el lugar 18, con 6.94. Por estas tierras el Coronavirus está causando estragos.

En México nuestros contagiados hasta la semana pasada sumaban más de 80,000 por lo que el lugar mundial de la República Mexicana era el 16 y es posible que hoy martes 02 de junio esté rebasando los 100,000. En cuanto a muertos estábamos en el séptimo sitio del orbe, pero en junio alcanzaremos seguramente los 12,000 y remontaremos posiciones.

Volviendo al índice de la Felicidad, otros que están por el estilo de nuestro país, son: Uruguay, en el lugar 26, Guatemala, en el 29 y Brasil en el 31. Por cierto, Venezuela que tanto atosiga con la felicidad (que no tiene) está en el ranking de 2020 en el lugar 97 del mundo, con 5.05 puntos.


El primer sitio de felicidad lo tiene Finlandia con 7.81 (con todo y sus 6,743 contagiados y sus 304 fallecidos por coronavirus), seguido por Dinamarca (11,117 casos con 554 muertes), Suiza, (30,694 positivos y 1,638 muertes); Islandia (1,803 casos y 10 fallecidos) y Noruega (8,281 infectados y 234) muertos).

Y en los últimos once lugares del índice de Felicidad de este aciago año se ubican: Afganistán, a la cola con 2.57, seguido de Zimbawe, Ruanda, Tanzania, República Centroafriacana, Botswana, Yemen, Malawi, India, Lesoto y Haití. No alcanzan ni siquiera los cuatro puntos.

Hay que hacer notar que México en 2019 tuvo el sitio 23, con 6.59; en el 2018 el lugar 24, con 6,48; y en 2017, el 25. con 6,57; mientras que en 2016 alcanzó el sitio 21, con 6.77. Por lo tanto, registró mejores posiciones que actualmente, pero entonces no había Covid-?19.

El Reporte Mundial de la Felicidad de este año 2020, incluye un ranking de las ciudades más felices. Son: Helsinki, en Finlandia, en primer lugar; San José, en Costa Rica, encabeza la lista de latinoamericanas con la posición 11, informan. Además, Washington es la ciudad con más alto puntaje de todas las de Estados Unidos. Está en el lugar 16; la Ciudad de México ocupa el 38.

OPACA LA RELACIÓN FELICIDAD Y GOBIERNO


En el mundo, la felicidad como componente de la política pública ha sido sumamente estudiada, durante décadas. Pero, como escribió Luis Rodríguez Calles, de la Universidad Pontificia de Comillas, en su texto “Breve historia de Bután. Una identidad y un horizonte común en torno a la felicidad como objetivo político”:

“…es necesario ser críticos con la institución de la felicidad como objetivo político central, es decir, como un objetivo político explicitado en la agenda pública y con carácter ejecutivo en el transcurso de la historia de Bután. Esta institución no está suficientemente documentada a la luz de la literatura y sólo se encuentran dispersas referencias a la felicidad en distintos textos religiosos de Bután, sin que de ellos pueda inferirse una relación clara con la administración y el gobierno del país en su conjunto…”

También, por ejemplo, en la sección de políticas públicas del Congreso Nacional de Chile, exponen que la nueva fórmula económica de aquel pequeño reino es:

“Para calcular la FNB, el gobierno de Bután creó una medición basada en cuatro pilares y nueve áreas que se evalúan cada dos años en una encuesta que busca medir la felicidad –entendida como “aquello que permite un desarrollo que balancee las necesidades del cuerpo con las necesidades de la mente”- de sus habitantes. El primer sondeo fue realizado en 2007 y registró datos sobre bienestar psicológico, uso del tiempo, vitalidad de la comunidad, cultura, salud, educación, diversidad medioambiental, nivel de vida y gobierno.

“Pero eso no es todo. Según los resultados de esa medición el gobierno ajusta sus políticas públicas. A modo de ejemplo, como la encuesta registró el deseo de una gran cantidad de habitantes de tener una vida mentalmente más relajada, tras realizar diversos estudios el ejecutivo se convenció de que la meditación podría ser un gran factor protector de la salud mental de las personas. Por eso Bután la incorporó dentro de su malla curricular escolar como una forma de hacer frente al estrés y la depresión.

“Los cuatro pilares del nuevo paradigma son:

“La conservación del medio ambiente; El desarrollo socioeconómico sustentable y equitativo; La preservación y promoción de la cultura; y El buen gobierno

“En base a estos pilares se definen ciertos indicadores, como el uso del tiempo para el trabajo, la familia y los amigos. La vitalidad comunitaria, que comprende lazos significativos con los vecinos, por ejemplo. La cultura y la resiliencia, que incluye el respeto y promoción de las tradiciones y pueblos originarios. Un buen gobierno, con participación de la sociedad civil y transparencia. Y, por último, la felicidad individual”.

En México, a su vez, se realizó un gran trabajo con base en seminarios internacionales en los que participaron la UNAM, el Colegio de México y muchas instituciones más en el cual quedaron asentadas “Aclaraciones Pertinentes sobre la Incorporación del Bienestar Subjetivo en la Política Pública”. El mismo fue coordinado por Mariano Rojas e Iván Martínez.

Esa parte del texto señala, por ejemplo:

“a. El enfoque del bienestar subjetivo y los hallazgos a los que se ha llegado no proponen que los indicadores de bienestar subjetivo necesariamente sean las únicas medidas que guíen las políticas en el futuro. Deberían formar parte de la manera en que medimos el bienestar y el progreso, y no necesariamente la única manera de hacerlo. El bienestar subjetivo aporta a la información que ya se tiene sobre la calidad de vida de las personas, permitiendo mejorar el diseño de las políticas públicas.

“b. Las políticas públicas que ya se aplican, aun cuando tienen objetivos más delimitados, inevitablemente inciden en el bienestar de las personas y en dominios de vida distintos a aquel que se busca atender. Teniendo esto en cuenta, resulta indispensable atender a las medidas de bienestar subjetivo, pues permiten conocer cuál es el impacto de esas políticas en el bienestar de las personas y encauzar ese impacto hacia la promoción de una vida de mayor bienestar para las personas (ampliando el instrumental técnico-político y fortaleciendo las capacidades públicas y gubernamentales de decisión). El Estado puede y debe incidir promoviendo las condiciones necesarias para el bienestar de los ciudadanos y para ello resulta de gran utilidad la información que conllevan los datos de bienestar subjetivo.

“c. Deducir que las políticas públicas que parten del enfoque del bienestar subjetivo promueven el hedonismo (doctrina que identifica el bien con el placer, especialmente con el placer sensorial) es incorrecto. La literatura muestra que el bienestar reportado por las personas se compone de experiencias evaluativas, afectivas y hedónicas. Por ello, el enfoque promueve una política pública que influya en todas las experiencias de bienestar de las personas y de acuerdo con sus valores…

“d. La felicidad y la satisfacción de vida no resultan del bienestar, son el bienestar. Las políticas públicas dirigidas a combatir temas de interés social, como la desigualdad económica o la seguridad, atienden directamente al bienestar de los ciudadanos, pues –junto con muchos otros–, aquéllas son determinantes del bienestar. La idea de que hay que priorizar políticas que atienden temas de interés social sobre las dirigidas a aumentar la felicidad es incorrecta, pues ambas son esencialmente lo mismo.

“e. Es incorrecto pensar que hay una incongruencia en el diseño de políticas públicas basado en la información sobre el reporte que las personas hacen de su bienestar, es decir, basado en los datos de bienestar subjetivo y su aplicación a partir de influir directamente en variables o indicadores objetivos. El diseño de políticas no incurre en ningún tipo de contradicción ni incoherencia por utilizar datos subjetivos. La apreciación que cada persona tiene de su felicidad o bienestar es la información más confiable para diseñar políticas públicas que busquen tener un impacto favorable sobre el bienestar de la población…

“f. El bienestar es una experiencia personal: el bien-?estar lo experimenta el sujeto. Por tanto, la capacidad (y, por ende, responsabilidad) del Estado no consiste en “otorgar” bienestar a los ciudadanos; su función principal está en diseñar políticas públicas que brinden y/?o propicien las condiciones que dan lugar a la experiencia de bien-?estar.

“g. Aún hay muchos aspectos por estudiar y por entender acerca del bienestar subjetivo. Que haya imprecisiones de medición, que no podamos entender a cabalidad su estructura explicativa y que no podamos predecirlo con exactitud no implica que no pueda hacerse política pública orientada a aumentarlo. Esto ha ocurrido con otros indicadores, como el PIB, los indicadores de educación o de crimen, entre otros. El entendimiento crecerá una vez que empiece a medirse de manera sistemática…

“h. Las políticas públicas diseñadas con base en datos de bienestar subjetivo son democráticas y esto es un atributo destacable considerando que los hacedores de política se enfrentan a la decisión de qué es lo mejor para la sociedad. Al reflejar lo que las personas creen y sienten que es importante para ellas, los datos de bienestar subjetivo revelan mejor los valores de los ciudadanos y contribuyen a diseñar políticas con un sustento democrático, no arbitrario”.


Redacción MX Político.- Cuando lleguemos a la Nueva Normalidad valdría la pena que el Presidente López Obrador se detuviera un poco a revisar todo lo acontecido en los tres meses de reclusión obligada por la pandemia y hasta decida reconvertir algunas de las decisiones adoptadas en ese tiempo.

Sabemos que será difícil que lo haga, aunque la esperanza muera al último y dentro de ese cúmulo de trabajo que le espera para ese lapso, podría enmendar algunas de las cosas que se le critican acremente.

En el aspecto económico definitivamente no habrá variantes sobre lo que se decidió en la contingencia, con todo y la frustración de muchos, especialmente los dirigentes de las cámaras que tanto presionan para que los grandes empresarios reciban apoyo del gobierno federal, mientras otros inician una batalla legal ante el plan energético adoptado por la administración de López Obrador.

Será entonces momento de revisar si fueron eficaces las políticas aplicadas en materia sanitaria y prepararse para posibles casos que pudieran presentarse en el futuro.

El trabajo a realizarse dentro de la Nueva Normalidad es sumamente arduo y para ello se requiere de personal capacitado que pueda cumplir con las metas que les son asignados y dar un golpe de timón en muchos aspectos.

Uno de ellos sería investigar y procesar, en su caso a todos esos personajes que han sido señalados por lucrar durante, antes y después de la contingencia, al amparo del gobierno federal, con la asignación de contratos para amigos y familiares, de los que hay varios ejemplos.

También limpiar de “floreros” la administración pública, ya que en 18 meses no han mostrado talento alguno para desempeñarse en los cargos que actualmente ocupan.

Es cierto que existen miembros del gabinete con un buen desempeño como el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard Casaubón; la secretaria del Trabajo, Luis María Alcalde Luján; los secretarios de Defensa, Luis Crescencio Sandoval y de Marina, José Rafael Ojeda; Turismo, Miguel Torruco Marqués y hasta el de Hacienda, Arturo Herrera Gutiérrez.

Otros de los que se conoce poco, por lo que no se puede evaluar su trabajo, ya que actúan con discreción, como Román Meyer Falcón, secretario de Desarrollo Agrario; Víctor Manuel Toledo, secretario de Medio Ambiente y la titular de Bienestar, María Luisa Albores.

Algunos que funcionan para muchas tareas, menos para la que deben desempeñar como el caso de Zoé Robledo, director del IMSS y quien enfrentó muchos problemas en la pandemia; Luis Alberto Ramírez, director del ISSSTE, mudo hasta el extremo; Alfonso Durazo Montaño, de Seguridad Pública y la de Cultura, Alejandra Frausto.

Los que muchos consideran como simples adornos que van desde la titular de Gobernación, Olga Sánchez Cordero; el secretario de Agricultura, Víctor Villalobos; el de Salud, Jorge Alcocer Varela; de Comunicaciones; Javier Jiménez Espriú, el de Educación Pública, Esteban Moctezuma Barragán, hasta llegar a Irma Erendira Sandoval, de la Función Pública.

Mención aparte merece la tríada energética compuesta por Rocío Nahle, Octavio Romero y Manuel Bartlett, cuya labor merece revisión, en todos los sentidos.

Ayer en la columna hice omisión del nombre del ex Presidente Luis Echeverría Álvarez, quien goza de buena salud y cuenta como ex mandatario surgido del PRI, pero no lo incluimos en razón de su edad (98 años). Echeverría Álvarez cuenta con una fortuna similar a la de Carlos Salinas de Gortari y difícilmente podría hacer algún pronunciamiento, ya que se encuentra aislado desde hace varios años.

Por cierto, el martes murió uno de sus hijos, Álvaro de 71 años.
                        

La presidenta de Bolivia, Jeanine Añez, separó del cargo al Ministro de Salud, Marcelo Navajas, ante el escándalo de la compra de respiradores a precio inflado. Seguramente en México sucedería algo similar, pero como cancelaron la compra no ocurrirá así.

Email: ramonzurita44@hotmail.com

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